El término
“meditación” se usa de diferentes maneras
para referirse a ciertos ejercicios emocionales y de manejo del pensamiento
que se han utilizado en diferentes religiones y disciplinas de desarrollo
personal desde hace muchos años.
En general podemos decir que se trata de ejercicios
que provocan un estado mental muy placentero, de profunda lucidez
y conciencia, que genera además un poderoso estado de bienestar
emocional. Existen muy diferentes técnicas y escuelas de meditación,
sin embargo todas buscan, al final la generación de ese estado
mental, que abre las posibilidades para que aquella persona que lo
practica se vaya convirtiendo en una persona más segura, sensible
y abierta al entendimiento del mundo y su propio ser. Es una extraordinaria
herramienta de crecimiento personal y de generación de bienestar
psicológico profundo.
El
elemento central de la meditación radica en la concentración
de la atención y el manejo adecuado de los pensamientos.
Conforme se van dominando los ejercicios o técnicas de meditación,
vamos aprendiendo a provocar un estado mental donde nuestros pensamientos
dejan de estorbar e inquietar a nuestra mente y podemos sentir el
mundo con una enorme sensibilidad. Esto trae como consecuencia la
generación de un estado psicológico y emocional profundamente
placentero, saludable y positivo. Existen muchos fenómenos
psicológicos complejos que se encuentran detrás de este
efecto, pero para decirlo de manera breve y entendible, la meditación
genera en el cerebro a través del manejo adecuado de la atención,
un estado muy positivo que se refleja en la psicología y emociones
de quien la practica.
La meditación es un medio para inducir estados
emocionales muy intensos y profundos de gran paz mental y emocional.
Genera seguridad y fuerza personal. Provoca que la persona responda
cada vez más fácilmente con emociones positivas y tenga
mayor conciencia de su vida psíquica (lo que en algunas religiones
sirve para obtener lecciones de vida y crecimiento personal). Las
personas que desarrollan el hábito de meditar crecen en el
manejo de sus emociones, sus pensamientos y su atención y acaban
por ser más positivas fuertes, alegres y agradables.
Algunas personas temen que pueda existir un efecto
negativo como resultado de meditar, pero la realidad es que no hay
forma de que lo haya. En el caso de la meditación, lo peor
que puede pasar es simplemente que la persona se relaje o no pueda
seguir el ejercicio las primeras ocasiones porque se distraiga o inquiete
con facilidad, pero nunca le afectará negativamente.
También
hay quienes piensan que meditar es ir contra su religión. Meditar
es una manera de manejar nuestra atención y nuestras emociones
que se ha usado por muchos años con el propósito de
crecer psicológicamente. Lo que sucede es que popularmente
se le asocia con cuestiones religiosas porque las religiones son una
de las instituciones que promueven el crecimiento personal en la sociedad,
sobre todo en la antigüedad. Como la meditación es una
práctica muy antigua, se la asocia con lo religioso, pero de
hecho no tiene que ver con la religión en sí. Algunas
corrientes religiosas la usan como parte de sus recomendaciones, pero
la meditación no es, ni implica ningún tipo de idea
o filiación religiosa.