La historia
es siempre la misma una y otra vez. Al trabajar en terapia con parejas
es claro que los muy diferentes problemas que enfrentan las parejas
y los matrimonios en la vida diaria, acaban por llenar de emociones
negativas los momentos de convivencia que deberían estar llenos
de cosas agradables. Lo que al principio de una relación
es emoción positiva, alegría, deseo y cariño,
se va convirtiendo en una sensación de rutina, tensión,
aburrimiento y enojo.
No es ninguna sorpresa que así suceda cuando
observamos la constante acumulación de emociones negativas
que se da en nuestra mente conforme pasa el tiempo y la convivencia
con la pareja se hace más cotidiana y real, conforme más
salen a relucir las diferencias y conflictos de personalidad al enfrentarnos
a los problemas de la vida.
Las presiones económicas, la convivencia con
la familia política, el estrés del trabajo, el tráfico,
los berrinches de los hijos y demás eventos estresantes se
combinan para generar estados de ánimo negativos que acaban
por hacer peores las diferencias y conflictos normales de una relación.
Al principio, la convivencia con la pareja era una
fuente de emociones positivas que nos alimentaban y ayudaban a olvidar,
enfrentar o resolver el estrés de la vida. Luego la pareja
se vuelve una de las más fuertes fuentes de estrés.
¿Qué pasó? Para ponerlo en términos
simples, la alegría y bienestar de la relación se vio
paulatinamente invadida por las emociones negativas de la vida diaria
y de los propios conflictos de pareja. Esta invasión de lo
negativo sucede porque nuestra mente se va acostumbrando poco a poco
a asociar los momentos de convivencia de pareja con todas las emociones
negativas. Día con día vemos y convivimos con nuestra
pareja sintiendo en nuestros adentros estrés, enojo, angustia,
etc. Así, día con día, se va reforzando en nuestra
mente el hábito de asociar el estar con nuestra pareja con
el vivir emociones negativas. El efecto es que llega un momento en
que hasta sólo pensar en nuestra pareja hace que nuestro cerebro
reviva las sensaciones negativas que se ha habituado a sentir en su
presencia.
Es por esto que se da ese desesperante círculo
vicioso en el que, aunque queremos tener una actitud positiva al convivir
con nuestra pareja, acabamos conviviendo con un ánimo de pesadumbre,
estrés o enojo. Obviamente esto hace que nuestra pareja también
tenga una actitud negativa y refuerza nuestro malestar.
A veces es uno el que está más o menos
de buenas y el otro, aunque intente evitarlo, acaba llenando el momento
de sensaciones negativas. A veces es el otro, pero al final los dos
se están acostumbrando a tener vivencias negativas en su relación.
Así nuestros cerebros se habitúan aún más
a asociar a nuestra pareja con vivencias negativas y ''la chispa"
que había en la relación, se va perdiendo. Este círculo
vicioso, refuerza el aprendizaje de negatividad en ambos y va acabando
con la alegría de la relación.
¿Cómo
romper con esta situación? Y sobre todo, ¿cómo
limpiar la relación de las angustias, presiones, depresiones
o enojos que la van volviendo displacentera? ¿Cómo recuperar
la alegría, el deseo, el amor y el gusto de tener esa relación?
En pocas palabras la solución real y duradera es hacer que
nuestra mente cambie su entrenamiento y comience a asociar emociones
positivas con la vida de pareja.
Si aunque sea uno de los dos miembros de la relación
se decide a romper la espiral descendente y comienza a reprogramar
y manejar sus emociones, bastará un poco de persistencia para
crear ahora un círculo virtuoso que poco a poco volverá
a llenar de emociones positivas la relación.
Si cuando menos uno de los dos se dedica a visualizar
y cultivar emociones positivas asociándolas con los momentos
en que convive con su pareja, llegará un momento en que la
visualización haya transformado las emociones lo suficiente
como para revertir el ciclo negativo. Cada vez que interactúe
con su pareja, la visualización hará efecto en sus emociones
y ahora, a pesar de que la pareja tenga un ánimo triste, angustiado
o agresivo, el cónyuge que haya estado visualizando empezará
a responder con tranquilidad, alegría, comprensión o
amor. Obviamente esto hace que la otra persona vaya relajando y transformando
sus emociones negativas poco a poco y cada vez más los encuentros
de la pareja se van llenando de las emociones positivas programadas
en las visualizaciones.
Como la otra persona tenderá a responder cada
vez más con cariño y alegría, cada vez será
más fácil al miembro que hace el trabajo de visualizar
que sus visualizaciones sean vividas con más intensidad y se
vuelvan más naturales y poderosas.
Así se rompe el círculo vicioso y se
inicia un proceso virtuoso en la vida de la pareja. La convivencia
cotidiana, que por supuesto siempre tendrá conflictos, se hace
cada vez menos negativa y los momentos positivos de la relación
se hacen más intensos y frecuentes. Es por esto que visualizaciones
o los ejercicios de meditación combinados con visualizaciones
son una herramienta poderosísima para mejorar la vida de pareja.
Al romper el hábito de las respuestas negativas y construir
nuevos hábitos emocionales positivos, la pareja vuelva a ser
una fuente de bienestar que nos energiza a enfrentar la vida, en lugar
de ser una carga más del día a día.
La clave
de realizar visualizaciones
efectivas es un ejercicio inicial de relajación bien diseñado,
una actitud mental de disfrutar cada emoción que imaginas y,
para el caso de la vida de pareja, un ejercicio de visualización
bien diseñado en el que te veas a ti mismo respondiendo con
alegría y bienestar en las diferentes situaciones cotidianas
de la pareja, aún frente a las actitudes negativas de tu cónyuge.