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Artículo 3:

Los Problemas Que Enfrenta La Pareja
En El Matrimonio

 

Las necesidades individuales que llevan a los individuos a buscar una vida en pareja, junto con su respectivo sistema de significados socioconstruidos, son entonces la base de la motivación para las interacciones de la relación marital. Por supuesto, en el trayecto que va de la necesidad a la satisfacción de la misma, la interacción matrimonial se ve imbuida en una serie de conflictos de muy diversa índole. Dicha conflictiva se forma en diferentes áreas y dinámicas de la vida marital y contiene los mismos dos aspectos de las necesidades y motivaciones que las originan, un aspecto propio de las necesidades individuales y uno relativo a los significados, tradiciones y construcciones sociales que regulan, limitan, simplifican o complejizan su existencia y su consecución.

Hablar de los problemas del matrimonio es casi hablar de los problemas de la vida en general, es decir, el tema es tan amplio como se pueda imaginar. Hay muchas áreas en la vida de los individuos, infinidad de actividades y por supuesto todas ellas pueden estar conectadas con una problemática dentro de su vida de pareja. El fenómeno es complejísimo y literalmente imposible de abordar en su totalidad, tema a tema, área a área. Tan sólo por establecer algunos parámetros concretos e iniciar la reflexión sobre los trabajos que versan sobre este rubro, quisiéramos ofrecer al lector un panorama general de los estudios de los problemas del matrimonio.

Los modelos que describen la estructuración de los conflictos dentro del matrimonio se pueden englobar bajo dos perspectivas básicas. Estas son de hecho las mismas perspectivas usadas para describir las dinámicas de la satisfacción marital, que es lógico pesar se relacionan con los conflictos maritales al derivar forma de una eficiente manera de manejar esos conflictos del matrimonio. Las dos aproximaciones de los modelos teóricos son, por un lado, el estudio de variables internas, de la personalidad de los individuos y de la interacción entre ambos, y por otro lado las externas, como el clima social y las presiones que la diada enfrenta en su contexto y ambiente (Shlomo, 1998).

Boisvert y colaboradores (1995) nos ofrecen un panorama amplio de la serie de temas que son importantes para los miembros de algunos matrimonios y que son espacio de muchas de sus conflictivas. Esta amplia lista engloba tanto conflictos que se pueden considerar del interior de la pareja como otros relacionados con el ambiente externo de la misma. El estudio muestra una lista que incluye temas muy variados, algunos caben en la perspectiva de lo interno como el sexo, los celos, la adaptación a la llegada de los hijos, la toma de decisiones, los conflictos de valores, conflictos de roles, diferencias religiosas, etc. Otros caben en la perspectiva de los problemas relacionados con el exterior como los conflictos en el manejo del dinero, las amistades, las relaciones con la familia política, el manejo del tiempo, alcoholismo, trabajo, etc. Y como es lógico pensar la lista de los conflictos es muy larga y variada.

Además de la visión de los conflictos internos o externos de la pareja, existe otro parámetro para el estudio del tema: el tiempo. Este se refiere a la manera en que la conflictiva matrimonial se ve afectada por los tiempos en que acontecen los diferentes eventos dentro de la historia de la relación. Shlomo (1998) apunta las maneras en que la felicidad en el matrimonio está relacionada con las etapas que va atravesando una relación. En conexión con el llamado ciclo de vida de la familia, por ejemplo, se puede entender como la presencia y/o edades de los hijos y la oportunidad de trabajo remunerado de los miembros del matrimonio o el nivel de ingresos que obtienen son factores determinantes de la problemática que enfrenta una pareja y las opciones que tiene para desahogarla en determinado momento de la relación y no en otro. Este autor observa en su estudio como los matrimonios jóvenes ven determinada su conflictiva y felicidad marital de acuerdo con muchas circunstancias existentes desde antes de su matrimonio y que varían de acuerdo a la edad en que se casan matizando los problemas que viven.

Hemos querido mencionar estas tres perspectivas del estudio de los problemas del matrimonio con el afán de que el lector tuviera una idea de los tres ángulos más generales clasificatorios que han sido usados por muchos estudios y desde los que podemos observar la infinidad de temas que pasan por el título de problemas del matrimonio. Para dar idea del tipo de estudios que se realizan y de la interconexión de los temas, queremos ahora presentar algunos estudios reciente que nos permiten observar unos cuantos factores que pueden intervenir en la conflictiva matrimonial.

Los temas que mencionaremos a continuación son sólo algunos ejemplos de tópicos importantes que han sido estudiados recientemente y que muestran como hay muchos factores intervinientes en los conflictos de pareja y como cada uno de estos puede estudiarse con diferente profundidad y perspectiva, por lo que, como hemos dicho, el campo de investigación al respecto de los problemas del matrimonio es mucho más que amplio. Obsérvese como un tema o un área de la vida de pareja o una actitud de los involucrados tiene implicaciones para otras áreas y para otras actitudes de los cónyuges que pueden resultar en causa de sus problemas.

Empecemos por la sexualidad. Young, Luquis, Denny y Young (1998) corroboran la visión de la importancia que ya hace tiempo se ha dado a la vida sexual para la relación marital al encontrar que muchos aspectos de la relación entre los cónyuges que no son del ámbito sexual están relacionados con el nivel de satisfacción sexual que tiene la pareja. Entre las mediciones se encuentran la frecuencia del orgasmo, la desinhibición sexual y elementos de actitud ante la sexualidad como la religiosidad. Otro curioso papel que aspectos de la sexualidad pueden jugar en relación con las actitudes que un individuo puede tener frente a su pareja y que afectarán otras áreas de la vida marital y por ende la disposición y actitud frente a los conflictos dentro de estas áreas es un estudio sobre preferencias en estilos de realización del acto sexual. Frey y Hojjat (1998) encuentran que algunos estilos de sobre la preferencia de actuación en una relación sexual está correlacionada con la presencia de compromiso amoroso de una relación. Esto agrega elementos para decir que la sexualidad puede influir en muchos otros aspectos no sexuales de la vida de la pareja.

El compromiso para permanecer en una relación y manejar las cosas de manera que el conflicto no la destruya también es un elemento importante como factor interviniente de la conflictiva marital. En este renglón un tema sensible es el de la presencia de los hijos que puede afectar la motivación de los cónyuges para comprometerse con la relación y actuar de ciertas maneras en lugar de otras. Como ejemplo, Mackey (1993) muestra un estudio en el que los hombres presentan una tendencia motivacional a no divorciarse cuando tienen hijos por el lazo que los une a ellos. La perspectiva opuesta que evalúa el estudio es la motivación del hombre en comparación con su esposa para desligarse del matrimonio debido a la exigencia económica que representa un hijo. El compromiso puede también relacionarse con el interés o la importancia que se le adscribe a la vida familiar y al matrimonio. Dicho interés puede responder a variadas circunstancias. Nuevamente, tan sólo por citar un ejemplo, Kulik (1999) señala como la vida laboral en comparación con el retiro es un elemento que hace variar la percepción de la importancia de la pareja y de la vida familiar. Los hombres que trabajan, de acuerdo con este estudio, mantienen una visión que otorga más importancia a los aspectos instrumentales de la vida en comparación con los retirados, que otorgan más importancia al hogar, pareja y familia.

Como podemos observar, cada uno de los temas enlistados párrafos arriba puede estudiarse con relación otros varios y por lo general cada área de la vida dentro del matrimonio está muy ligada a las otras por lo que un problema que nace en una seguramente repercute en otras retroalimentando la conflictiva desde varios ángulos. Este fenómeno evidentemente dificulta mucho el hacer un análisis sencillo y claro de la naturaleza de los problemas que enfrenta una relación de pareja en matrimonio.

Como puede apreciarse, el análisis y clasificación de los conflictos dentro de un matrimonio es realmente un tema de enormes magnitudes pues cada área de la vida matrimonial se ve afectadas por muchos elementos particulares a cada caso. Sea que se les estudie y clasifique como problemas de interacción de la pareja o de presiones y recursos del medio o en relación al tiempo, tratar de abordar de todos los temas que pueden representar un problema a resolver en la vida matrimonial es por supuesto imposible. No es, ni por asomo, la intención de este marco teórico agotar este tema, antes bien nos concentraremos en algunos estudios realizados sobre los conflictos más comunes dentro del matrimonio pero que resulten significativos para dibujar la conexión entre las necesidades individuales, las construcciones sociales sobre el matrimonio y los cambios que estas producen y las presiones hacia el interior y exterior de la pareja. Pero dejamos asentada aquí la idea de que el estudio de los conflictos de un matrimonio es una labor muy extensa y variada por la naturaleza y cantidad de temas que conlleva y que no es nuestra intención que este capítulo logre tal alcance.

Así pues, nuestra disertación sobre los problemas del matrimonio no buscará enlistar la enorme cantidad de estudios que pueden existir alrededor de todos los temas que hemos comentado. Lo que haremos será hablar de aquellos estudios que señalan algunos procesos generales en todos los problemas y que explican un poco desde ese nivel general el porqué de la complejidad de los mismos. También nos dan una dimensión aproximada del grado de esa complejidad y la manera en que los problemas evolucionan en el tiempo. Con esta base estaremos en posibilidad de hablar de algunos procesos centrales y comunes en todas las problemáticas que pueden dibujarnos la lógica de las ideas y propuestas que parecen, de acuerdo a estos estudios, ayudar en su desahogo.

 

Las expectativas: una primera fuente de problema.

Una de las áreas que son generales a los conflictos matrimoniales y que son útiles a nuestros propósitos es la que toca la construcción de expectativas acerca de la relación marital. Todas las áreas de conflicto que hemos mencionado son directa o indirectamente afectadas por las expectativas que tienen los cónyuges y sus familias de la vivencia del matrimonio. Esta expectativa ha cambiado en las épocas y cambia entre culturas porque las tendencias culturales moldean los derechos y obligaciones que se esperan de los individuos en un matrimonio (Orly, 1998). Es interesante anotar además que muchos de los cambios importantes más recientes han sido introducidos, al parecer, por los expertos en los fenómenos sociales (Fowers, 1998). Específicamente la idea del cambio de la familia y el matrimonio de una institución a una relación ha sido básicamente promovida por los profesionales interesados en los problemas de las relaciones humanas y el matrimonio (Morgan, 1996).

Pero independientemente de donde vengan los cambios, es un hecho que las expectativas son un elemento clave dentro de los problemas de variadas dinámicas del matrimonio. Las investigaciones reflejan una expectativa más o menos generalizada, en nuestra cultura occidental por lo menos, de lo que define a una buena relación marital. Está caracterizada por un espacio donde los miembros puede tener una expresión personal con mutuo entendimiento, que les nutre y da cercanía emocional. Así mismo una expectativa generalizada sobre un buen esposo o esposa dice que este debe ser alguien que puede escuchar y compartir las propias alegrías, tristezas, miedos, esperanzas, triunfos, etc. (Fowers, 1998). Es claro que las exigencias que se plantean para el logro de estos objetivos pueden determinar la sensación de éxito o fracaso, de plenitud o frustración, de una relación y marcar el tipo de eventos que se consideran un problema dentro de ella.

Debido a esto los individuos parecen plantear su decisión de casarse o seguir casados de acuerdo con la ausencia o presencia de ciertos eventos según cumplan o no en algún grado sus expectativas. Esta percepción de los involucrados delimita las áreas ventajosas o problemáticas de su relación y la respectiva satisfacción o frustración que les provoca. Para las expectativas más comunes de hoy en día, esta matriz de percepciones de los problemas maritales está determinada por la manera en que la relación puede o no proveer el espacio de intimidad y los elementos necesarios para un desarrollo personal individual autónomo de los miembros de la pareja (Fowers,1998).

Volviendo a esta expectativa específica y bastante generalizada de lo que se espera de un matrimonio o de un esposo o esposa, podemos ver que se desprenden de ella por lo menos dos conflictos. En primer lugar parece claro que puede llegar a ser muy difícil para un individuo desempeñarse de acuerdo con las expectativas que el otro tiene de él, sin embargo, considerando que ambos miembros pertenezcan a la misma cultura y compartan las expectativas sobre sus respectivos roles, la coincidencia en este sentido puede ser suficiente. Si lo fuera, de todos modos observamos un siguiente conflicto en el sentido de que esta visión del matrimonio pide tanto involucramiento de los miembros como autonomía e independencia, tanto disposición e interés por el otro como respeto a su privacidad e individualidad, así como otras tensiones del estilo entre dos actitudes o dinámicas de comportamiento opuestas.

El matrimonio de hoy en día debe entonces ser una experiencia que combina un profundo involucramiento emocional con un no censurar la libertad individual de la pareja (Fowers, 1998). Se espera de la relación que se mantenga combinando espontaneidad y estabilidad, intimidad y libertad (Fowers, 1993), y en general un equilibrio delicado de opuestos que provocan conflicto y que exigen mecanismos de interacción que delimiten los actos de los involucrados. Hablaremos de estos mecanismos más adelante en este trabajo al mencionar la teoría de la dialéctica en las relaciones en el capítulo de comunicación.

Lo expuesto ejemplifica como estas expectativas generan tensiones y exigencias que al considerarse en relación con el ambiente o contexto de la pareja caracterizan los temas y el tipo de conflictos que los matrimonios han tenido en las diferentes épocas de la historia. Por supuesto, la historia y características individuales de los cónyuges tiene un papel en este asunto. Evidentemente las expectativas y actitudes frente a la pareja y el matrimonio se derivan de las vivencias individuales de los cónyuges. Y esto representa otra parte del complejo rompecabezas porque tampoco es simple dilucidar la manera en que estas actitudes y expectativas se adquieren. Muench y Landrum (1994) muestran la manera en que el grado de expresividad que encuentran en la familia de origen de un individuo está relacionado con las actitudes que estas personas tiene hacia el matrimonio. Este resultado puede tener muchas explicaciones y causas, pero seguro nos indica que las actitudes con que llega un individuo al matrimonio se forman desde la familia y en el contexto cultural.

En resumen, las actitudes y expectativas pueden favorecer aspectos positivos o negativos de las personas o de su interacción de acuerdo con la singularidad de cada pareja y de sus circunstancias. Estas actitudes y expectativas que se llevan al matrimonio –y que también se transforman en él- matizan y regulan las problemáticas de las diferentes áreas de la vida matrimonial, complejizando la evolución del matrimonio y sus problemas grandemente, trátese del tema que se trate.


El cambio de expectativas y valores: un nuevo problema.

Otro elemento común de la problemática marital, independientemente del tema que se trate, es el cómo se encuentra regulada o exacerbada por la transformación de las expectativas sociales del matrimonio. Como hemos visto, las expectativas sobre la relación marital y las diferentes áreas y temas que conforman la vida marital forman en conjunto dinámicas de conflictos particulares a las épocas, culturas y parejas de que se trate. Pero además, todos estos elementos se interconectan y al cambiar alguno de ellos, se transforma la experiencia del matrimonio como tal. Hoy en día hay varios temas e ideas flotando en el contexto social que van definiendo al matrimonio de una manera diferente y con ello lo transforman, porque crean nuevas expectativas, lo cuál representa otro elemento que crea y complica los problemas en el matrimonio. Wolcott (1999) afirma que mantener la actitud de alimentar las relaciones familiares y mantenerse en un matrimonio se hace más difícil cuando los valores personales y las instituciones sociales se encuentran en transformación.

Comentaremos ahora algunas de las ideas que son fuente de transformación de las expectativas y la experiencia del matrimonio y que hablan del contexto de ideas sobre el que descansa la interacción matrimonial actual, como la de la pareja analizada en este estudio. Posteriormente ejemplificaremos como es que el proceso de transformación es fuente de conflicto para la interacción marital usando específicamente el tema de la transformación de los roles de género por ser este un tema muy importante debido al impacto que tiene en muchas de las dinámicas del matrimonio y debido a que nos permite ejemplificar muchos de los procesos generales de los conflictos que vive una pareja hoy en día. Además, como veremos, la transformación de los roles de género es uno de los cambios con mayor trascendencia para la definición de las relaciones de pareja, familiares y sociales en nuestra cultura.

Las relaciones familiares y de pareja de hoy en día se forman y desarrollan en un ambiente con un mayor número de opciones en la manera en que los individuos pueden vivir su vida que las que tenían las generaciones pasadas. Estas opciones derivan de cambios en las condiciones de vida de la sociedad y se convierten en transformadores del la experiencia del matrimonio. La legislación que busca la igualdad de oportunidades de educación y empleo entre los sexos, las posibilidades surgidas a raíz de los métodos de contracepción del control de los embarazos, la disminución del estigma del divorcio, la posibilidad del concubinato y la procreación fuera del matrimonio, e incluso el reconocimiento social y legal de varias formas de relaciones personales y sexuales son parte de la muy diferente gama de opciones con que cuentan los individuos (Wolcott, 1999).

Algunos de los elementos más profundos de estos cambios pueden leerse como una verdadera transformación de la naturaleza del matrimonio y de la familia y por ende lo que se espera de ella. Quizá el más profundo esté anclado en la posibilidad de la sexualidad como medio de placer y no de concepción, lo que acompaña a la formación de un matrimonio como una relación personal de carácter emocional y no como un medio económico necesario en la dinámica social (Giddens, 1992). La transformación de la vivencia marital ha sido continua y quizá llegue a poner al matrimonio en una posición radicalmente distinta a la que ha tenido hasta ahora. Por ejemplo, Rogers y Amato (2000) señalan que se ha encontrado que las actitudes sociales reflejan una pérdida de importancia en el matrimonio y un aumento en la aceptación de la soltería.


Un ejemplo de la dinámica del cambio y los problemas: el caso del género.

Por el momento, los cambios en el matrimonio responden a fenómenos sociales como los citados arriba y de todos ellos el fenómeno de la transformación de los roles de género es una de los más útiles para ejemplificar los procesos de transformación de la relación matrimonial y los problemas y tensiones que en ella se producen debido a los cambios en las circunstancias sociales y por ende en las expectativas de la relación. Observaremos con este ejemplo como es que el matrimonio cambia con las construcciones sociales de las diferentes épocas y como las demandas de esas sociedades transforman las necesidades de los miembros de la pareja. Como resultado, las motivaciones cambian y las problemáticas cambian.

El asunto de los cambios en los roles de género toca elementos muy importantes en la interacción de un matrimonio. El ejercicio del poder es quizá el tema que más aglutina las dinámicas de la pareja y es uno de los temas centrales de la transformación que conllevan los cambios en los roles género. Algunos estudios publicado antes de 1995 describen la tendencia prevaleciente, aunque efectivamente en lenta transformación, de la desigualdad del ejercicio del poder dentro de las relaciones de pareja a favor del hombre. Por ejemplo, el hombre cuenta con más posibilidad para decidir involucrarse o no con los trabajos de la casa y del cuidado de los niños (Brannen y Moss, 1991) y sobre todo ejerciendo control del dinero (Vogler, 1994).

Botkin, Weeks y Morris (2000) revelan la manera que varios aspectos de las relaciones maritales y las expectativas hacia el matrimonio han ido cambiando en el tiempo al estudiar generaciones de estudiantes desde 1961 a 1996. Los resultados muestran una tendencia significativa hacia la adopción de estilos más igualitarios y menos tradicionales de los roles de género. Se observan cambios muy pronunciados precisamente en el área de la autoridad y el poder desde 1972 hasta la última generación estudiada. Junto con este rubro los autores observan sobre todo cambios en las expectativas sobre el trabajo del hogar y el cuidado de los niños. Otros rubros en que se observan cambios son en la educación, las aportaciones económicas y el empleo, la participación en actividades sociales y características personales. Los cambios afectan, como vemos, varios temas de las dinámicas de la interacción de la pareja y esto implica una mayor complejidad de la conflictiva que enfrenta y la pareja y por supuesto el análisis del fenómeno. Considérese por ejemplo el impacto de este cambio en otra importante área de la interacción de la pareja, Weeks (1995) resalta la manera en que el discurso social ha claramente provisto de un significado diferente a la sexualidad en relación con la igualdad de género.

El cambio de los roles se asocia a conflicto marital. Verbigracia, la calidad marital puede verse afectada si uno de los cónyuges actúa o expresa esperar del otro unos roles de género diferentes a los que este considera adecuados (Schroeder, Blood y Maluso, 1992). El estudio de Rogers y Amato (2000) compara los cambios en diferentes dinámicas de parejas de dos generaciones diferentes y los relaciona con el grado de conflicto que reportan. Los resultados confirman lo dicho sobre los cambios en muchos temas y áreas de la pareja y sobre la aparición de conflicto en la pareja. En la generación más joven más mujeres con niños en edad preescolar trabajan, más mujeres aportan más al ingreso familiar, los maridos hacen más trabajo doméstico, y el poder y las decisiones están más equilibradas a favor de ambos dentro de la relación. Esta generación también reporta más conflicto matrimonial. Este conflicto puede derivar de muchas áreas que han cambiado, y resulta muy importante que este estudio identifica que es la tensión entre dedicación al trabajo y dedicación a la familia la dinámica que más provoca los problemas de los que carece la generación anterior.

Como podemos ver de acuerdo a los resultados de este último estudio, los problemas matrimoniales que se encuentran en un área de la dinámica de la pareja son influidos de muchas maneras por lo social y externo al matrimonio, como las definiciones de los roles de género. También podemos ver que el conflicto empieza no tanto por el cambio de los roles de género sino por el cambio que sigue de la transformación de los roles en alguna dinámica especial de la vida matrimonial o familiar.

Así parece que uno de los conflictos más sobresalientes que parece haber generado esta transformación de roles es aquel que contrapone las expectativas de mujeres y hombres sobre las actividades y prioridades que las mujeres deben conceder al ámbito de lo profesional en relación con las actividades tradicionalmente consideradas de la mujer en el matrimonio y el hogar. Tangri y Rae Jenkins (1997) observan en su estudio como esta problemática se relaciona con la actitud de las propias mujeres respecto a si tenían o no la expectativa de poder combinar las dos áreas de vida y si esperaban un conflicto en ello. Encuentran que el conflicto es prácticamente generalizado a todas las parejas y además que aquellas mujeres que esperaban el conflicto son las que menos lo han tenido porque han organizado su vida para manejarlo. Aquellas parejas con maridos que apoyan las carreras profesionales de sus mujeres también presentan menor conflicto. Las mujeres que no esperaban conflicto tuvieron más conflicto incluso que aquellas no tenían pensado trabajar profesionalmente y sin embargo lo estaban haciendo. Lo más curioso del estudio es que las mujeres que no estaban combinando roles reportaban tantos conflictos como aquellas que habían sí los combinaban y no esperaban tener conflicto. Al parecer, la actitud que se deriva de la flexibilidad y a la vez, la prevención de los cambios parecen tener mayor éxito en términos de una mejor manera de manejar la crisis asociada a los cambios.

Esto nos lleva bosquejar los trazos de cómo las situaciones culturales moldean las expectativas y enfatizan cambios que se reflejan en conflictos dentro de la relación matrimonial pero que incidirán en ella en relación con muchas otras características de los cónyuges, su educación y sus recursos. Esto explica porqué a pesar de que existan tantos cambios en el ambiente de muchos matrimonios, muchos puedan adaptarse y sobrellevar las crisis las expectativas no cumplidas y de las redefiniciones de sus expectativas. Las investigaciones muestran que hay muchas parejas que en medio de los cambios, por ejemplo en medio de las diferencias e iniquidades de género o de sus transformaciones, los cónyuges crean espacios de satisfacción de sus motivaciones o necesidades y son capaces de colaborar en crear intimidad en un ambiente de cariño (Jamieson, 1999). Las generaciones estudiadas por Rogers y Amato reportan más conflicto matrimonial para la generación más joven, pero el mismo nivel de felicidad dentro del matrimonio. Los mismos autores señalan que la subjetividad en la manera de evaluar nuestro matrimonio no ha cambiado. Y esta subjetividad parece estar al centro del mecanismo que permite a una pareja superar buena parte de sus retos. Esto lo señala Jamieson aplicado al tema de nuestro ejemplo, los roles de género, al comentar que la lucha provocada por lo cambios en los roles parece derivar en una serie de estrategias para la redefinición positiva de la identidad y el salvamento de la relación. Este proceso de la atribución de significados como característica importante en la resolución de conflictos y éxito en la relación es puntualizado más adelante en el capítulo de adaptación y comunicación.

Y siguiendo con el ejemplo, al parecer los significados que una pareja atribuye a su roles de género pueden estar subordinados a la definición y satisfacción de otra necesidad más prioritaria. Por ejemplo el caso de la necesidad de creación intimidad que hemos discutido como motivador más primario. Para lograrlo, la pareja tiene que hacer el esfuerzo de ignorar los otros discursos (de género en este caso) que les robarían la posibilidad de tener la intimidad que desean. La pareja atribuye significados a sus conductas tales como el hecho de que el amor de él se expresa en el ingreso que trae a la casa y el de ella en el cuidado de la misma y de los hijos, entendiéndose ambos roles como regalos en su relación para salvaguardar la intimidad que desean. Quizá mucha más energía sea utilizada por los esposos para crear y sostener ese sentido de intimidad en medio de tosa la problemática interne y los cambios y presiones externas que en cambiar efectivamente sus roles de género (Jamieson, 1999). Así pues, parece que en esta complicada red de dinámicas y de cambios interconectados hay evidencia de que hay algunos conflictos más centrales y estables que otros, como el caso de la intimidad-soledad, y son prioritarios ante otras transformaciones más periféricas a la dinámica de la relación. Si estos otros temas no se pueden resolver respetando la dinámica más central y prioritaria, la relación se rompe.

Por último en este dibujo de la manera en que las transiciones en las definiciones sociales agravan o regulan la interacción marital y sus conflictos, subrayaremos en nuestro ejemplo la manera en que la pareja responde a todos sus problemas responde a las personalidades individuales. Huston y Geis (1993) se abocan a estudiar específicamente el cómo los atributos y creencias relacionadas con el género afectan la relación matrimonial. Analizan y relacionan la ideología que cada uno de los esposos tiene en cuanto a sus roles por sexo así como su la actitud de disposición que ofrecen sus personalidades con los patrones de comportamiento dentro de su matrimonio. Los autores sostienen que la manera en que se mezclan las creencias y actitudes de los esposos es compleja y no responde a clasificaciones simples. Comentan que cada uno de los individuos traen consigo una mezcla de atributos y creencias relacionadas con el género que en la interacción del matrimonio y de acuerdo a las circunstancias en que este se encuentra, producen una pauta de relación de la pareja. Veamos ahora los estudios que vinculan la conflictiva matrimonial con la personalidad y psicología individual de los cónyuges.


Los problemas del matrimonio y la personalidad.


Evidentemente otro de los factores intervinientes tanto como causa o como elemento de resolución o complicación de los problemas matrimoniales son las características de personalidad y las vivencias personales que los cónyuges llevan a la relación y a través de las cuáles esta se crea y recrea.
Ya hemos podido establecer que los individuos utilizan recursos sociales pero también personales para acomodarse a las situaciones y para acomodar el significado de sus situaciones y al parecer así resolver tensiones en su interacción matrimonial y entre la realidad y sus expectativas de la misma.

Empecemos aclarando que el estudio de la dinámica matrimonial desde la óptica de las características individuales presenta muchas variables y ha sido considerada problemática (Ficham y Bradbury, 1992). Así como existen muchas aproximaciones al estudio del tampoco muy consensuado concepto de personalidad, existen muchas perspectivas para abordar los elementos de la personalidad que implican un mayor grado de conflicto marital. En este documento no pretendemos entrar a discutir teorías de personalidad, sino simplemente mencionar algunos de los estudios que corroboran la existencia de ciertos rasgos de la conducta individual de los miembros de un matrimonio y su relación con la aparición o el desahogo de los conflictos de pareja. Por supuesto existen algunos estudios que toman alguna teoría de la personalidad o una clasificación específica de cierta escuela terapéutica y otros de otras. Lo que buscamos es sólo indicar la presencia de factores individuales que tienen presencia en la problemática estudiada, llámese como se quiera a dichos factores. Cabe aclarar que algunos estudios tienen una metodología más estricta que otros y que algunos no son muy claros al respecto.

Smolen y Spiegel (1987) encuentran que aquellas personas que tienden a responder por sus propios actos al considerarlos como producto de su motivación y no atribuyéndolos a elementos externos (locus de control interno), tienden a formar mejores matrimonios. Wiess (1998) ensaya que las relaciones matrimoniales o de pareja están asociadas a una sensación de seguridad y que las relaciones pasadas en la vida de uno o ambos cónyuges pueden provocar que, frente a algún conflicto, las parejas actúen con la misma seguridad o inseguridad de las relaciones pasadas, matizando la interacción actual. Farrington (1991) relacionó en un estudio longitudinal rasgos de impulsividad y neuroticismo con problemas en el matrimonio y tendencia al divorcio. Clements y Swensen (2000), abordan la temática de la personalidad y el matrimonio y señalan que el desarrollo del ego tiene relación con la mayor expresividad de cariño entre los cónyuges, así como una mayor capacidad de apoyo a la pareja frente los problemas que enfrentan.

Russell y Wells (1994) reportan que la calidad del matrimonio reportada por los individuos está negativamente influida por el nivel de neuroticismo del esposo o esposa. Pero resulta muy interesante que el estudio les indica que la percepción de la calidad del matrimonio está más relacionada con la percepción que el esposo tenga del matrimonio. Éste elemento relacional les hace concluir que la evaluación del matrimonio debe hacerse a través de parámetros de la interacción y no de la personalidad individual. Esta perspectiva relacional aborda las características personales pero en combinación con las de la pareja y no como indicadores autónomos.

Johnson y Booth (1998) apoyan esta perspectiva relacional y encuentran que dicha perspectiva da mayor cuenta de la estabilidad marital que la personalidad de los individuos. Pero consideran que efectivamente cada cual trae ciertos elementos a su relación. Mencionan que hay varios aspectos individuales que pueden ser aprendidos del ambiente cultural o las experiencias pasadas que forman parte del repertorio de actitudes de un individuo y que lleva a su relación marital para combinarlas con las de su pareja. Actitudes y creencias de roles de género; aprendizaje de conductas adecuadas en el matrimonio aprendidas de sus padres; valores religiosos y sociales; creencias sobre diferentes temas, habilidades en las relaciones sociales como las de comunicación, negociación, resolver conflictos amigablemente, etc., son algunas de las características individuales que aportan los cónyuges a la relación de acuerdo con estos autores. Anotan además que algunas personas pueden ser tan ineficientes o negativas en algunos de estos aspectos o habilidades que fracasan no importando la habilidad de su pareja y viceversa, que hay quienes son tan eficientes que compensan las faltas de su cónyuge. Todos estos elementos se mezclan para crear las pautas que se van rutinizando y consolidando en la pareja y que luego pueden ser estilos de solución de tensiones o fuentes de problema.

Un ejemplo del estudio de ciertas características de personalidad como estilos de interacción lo ofrece Cohn y colaboradores (1992) al estudiar las diadas formadas por combinaciones de personas seguras e inseguras. Sus resultados indican que las diadas inseguro-serguro y seguro-seguro eran iguales en buen funcionamiento y que eran mejores en su resolución de conflictos que las diadas inseguro-inseguro, confirmando la idea de que el miembro más capaz de la pareja puede compensar las fallas del consorte.

 

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