¿Cuantas
veces nos proponemos hacer algo, un cambio en nuestras vidas,
y al cabo de unos días lo olvidamos por completo? El
ejemplo más común son los propósitos de
año nuevo. Unos de los propósitos más comunes
son: bajar
de peso, ganar
más dinero y conseguir
una pareja. Muchas personas se proponen comenzar el año
con una nueva actitud y ambiciosas metas para lograr sus propósitos.
Tal vez eres una de ellas.
Empiezas
el año desbordándote de motivación para
hacer lo que se tenga que hacer. Tal vez te inscribiste al gimnasio,
te levantas más temprano todos los días para dedicar
unos 30 minutos a hacer algo de ejercicio, emprendes estrategias
para conseguir nuevos clientes o un mejor trabajo, sales más
a lugares para conocer a alguien, te arreglas más. ¿Correcto?
¿Y
qué ha pasado otros años? Después de un
mes, la mayoría de las personas que se propusieron bajar
de peso, ya han abandonado sus rutinas de ejercicio y sus dietas.
Los obstáculos que se presentan para tener más
clientes aplastan tu motivación y te quedas en tu zona
de comodidad, y conocer a alguien se vuelve algo que dejas al
destino. Si tú eres de los que se han mantenido firme
en sus metas y las has logrado, ¡felicidades! Si no, no
te preocupes, eres una de las personas que te dejas llevar por
el deseo de hacer algo bueno por ti, pero cuya motivación
se va perdiendo en el camino.
¿Por
qué sucede esto? La realidad es que cuando decidimos
hacer algo, entran en juego dos partes importantes:
el pensamiento y las emociones. El pensamiento es el
que dice cosas como “ahora si voy a bajar de peso”,
“ya no quiero sentirme mal por mi peso”, “ya
es hora de hacer algo para tener más dinero”, “voy
a salir más para conocer a alguien”, etc…
El pensamiento es quien dice qué es lo que quieres hacer.
Sin embargo el pensamiento por si sólo no tiene mucha
fuerza. Puede tener toda la intención, pero sin las ganas
de hacerlo, se queda paralizado.
La
motivación viene de la emoción. Cuando
decides hacer algo y lo haces, quiere decir que tus pensamientos
y tu emoción están en sintonía. Probablemente
es lo que te sucedió al hacer tus propósitos.
Había una fuerte emoción alrededor de la idea
de “ahora si” cumplir tu objetivo. Siempre ayuda
el ambiente de año nuevo en el que sentimos que comenzamos
una nueva etapa y podemos olvidarnos de los fracasos anteriores.
Pero
¿por qué esa motivación va desapareciendo?
¿Por qué después de unos días, aunque
el pensamiento sigue diciendo que quiere lograr una meta, las
ganas de hacerlo ya no están? Bueno, sucede que la motivación
se termina, si no sabemos alimentarla. Es como inflar una llanta
que tiene un pequeño agujero en alguna parte. Si la inflamos
sólo una vez, con el tiempo se va a desinflar. Si la
estamos inflando constantemente, se mantendrá inflada.
La
motivación también se va gastando y escapando,
y tenemos que saber cómo volver a inyectarle más
entusiasmo a lo que los pensamientos quieren, para mantenernos
en el camino con la misma intensidad y energía con la
que comenzamos.
Si
quieres saber exactamente paso a paso cómo hacer para
lograr tu propósito de bajar
de peso, de tener mejores
ingresos, de conocer
a alguien, o simplemente de sentirte
mejor contigo mismo, con una motivación que realmente
te lleve a lograr tus objetivos, y no lograrlos temporalmente,
sino de manera permanente, te invitamos a salir de tu zona de
comodidad y hacer el esfuerzo que se requiere sobre todo, para
mantener tu motivación en el nivel más alto hasta
lograr tus objetivos.
Recuerda
que es clave saber cómo mantener la motivación
viva, y esa emoción es el motor que te llevará
a lograr aquello que te has propuesto.
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