“Dices
que quieres una revolución…” Lennon/McCartney
Sin duda te ha tocado escuchar que necesitamos un cambio,
que las cosas no pueden seguir igual, y muy probablemente
estés de acuerdo. Sin embargo, como la mayoría
de las personas, quizás no tengas idea de por dónde
empezar. ¿Cómo cambiar lo que ha durado por
siglos, aunque haya caducado?
Una
revolución es, como su nombre lo indica, un giro,
casi siempre en otra dirección. Las revoluciones
históricas han cambiado las circunstancias sociales
y hasta los países, aunque desafortunadamente no
siempre para el beneficio de la mayoría.
Y
es que la verdadera revolución, el cambio significativo
no puede ser solamente externo. ¿De qué sirve
derrocar un gobierno para poner otro con personas que piensan
exactamente igual que aquellas a las que destronaron?
Así,
el verdadero cambio, la vuelta, el giro, la revolución,
deben ser de fondo, de sustancia y no solo de forma.
He ahí el reto. ¿Cómo cambiar el fondo
y la sustancia de cada individuo de una sociedad?
Te
diría que es casi imposible, utópico. La vida
apenas alcanza para conocerse uno mismo y tratar de cambiar
lo que no nos favorece.
¿Pero
sabes qué es lo mejor de todo? Con eso es más
que suficiente. Si todos nos aplicáramos en el cambio
para mejorar, se convertiría en un “efecto
domino” que más temprano que tarde permearía
a la sociedad y al mundo.
So
no lo crees, simplemente recuerda cómo cambia el
ambiente cuando estás entre un grupo de personas
negativas y quejumbrosas, o uno de gente positiva y alegre.
“¿Y
cómo cambio?” nos preguntamos los viajeros
de esta travesía. No es fácil, pero sí
existen referencias históricas y esotéricas
de lo primero que tenemos que cambiar:
La
mente.
Recientemente
leí un libro de Maurice Nicoll sobre la interpretación
no tan literal de la Biblia. En él narra cómo
los discípulos le preguntaron a Jesús sobre
los muertos a manos de Pilatos, y sobre otra tragedia en
la ciudad de Siloé.
Los
apóstoles deseaban saber cómo librar tal fortuna,
y Jesús les dice: “Si no os arrepentís,
correréis la misma suerte”.
Interesante,
la palabra arrepentir. Según el erudito autor de
este libro, que en español se llama ‘La flecha
en el Blanco’, la palabra arrepentirse aparece en
todo el Nuevo Testamento traducida de manera errónea
desde el griego original.
La
palabra que se traduce como arrepentirse en las versiones
modernas de la Biblia es metanoia. ¿Y sabes qué
quiere decir metanoia en griego?
Cambio
de la mente.
Meta
es la transformación o revolución, noia viene
de nous, que significa mente. La revolución de la
mente.
Por
otro lado, la palabra arrepentirse viene del latín
penitare, que significa tener pena. Nada que ver. Jesús
no les pide a sus seguidores que tengan pena o que sufran,
les pide que cambien su manera de pensar.
Resumiendo,
¿queremos dejar de ver tragedias, de tener mala suerte,
de vivir con penas? Cambiemos la mente. Transforma tu manera
de pensar y transformarás tu realidad.
Revoluciona
tu pensamiento y cambiarás tu vida, tu entorno, y
¿por qué no?, hasta al mundo.
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