Visualización
es el nombre que desde hace muchos años se le ha dado a un
tipo de ejercicio de manejo de las emociones que se basa en el uso
de la imaginación. Se trata de provocar ciertas emociones a
través del uso de la imaginación para ir programando
o entrenando a nuestro cerebro para activar esas respuestas emocionales
con más facilidad en el tipo de circunstancias en que más
nos convienen.
El principio
sobre el que funciona es relativamente simple, sin embargo un ejercicio
efectivo requiere de una serie de etapas e instrucciones específicas,
de lo contrario no será útil para alcanzar el objetivo
de “reprogramar” a la mente. En términos
simples, sucede que cuando imaginamos cualquier situación,
nuestro cerebro responde a esa imagen mental casi exactamente igual
a como si realmente estuviera realmente en la situación imaginada.
Por ejemplo,
si una persona le tiene miedo a un profesor o a un jefe, y se le pide
que cierre los ojos e imagine a ese jefe o profesor y piense en que
le están regañando, la persona se empieza a poner nerviosa,
siente miedo y muy probablemente prefiera dejar de imaginar el evento
porque le causa mucho displacer. Lo importante es el hecho de que
el evento no está ocurriendo en realidad, pero la persona siente
y reacciona física y emocionalmente como si estuviera pasando.
Esto es el fenómeno al que algunas personas se refieren cuando
dicen que el cerebro no puede distinguir entre una vivencia real y
una imaginada.
Este
principio es la base de la visualización. Sucede que es posible
y además increíblemente efectivo el hecho de provocar
transformaciones en nuestra manera de reaccionar ante cualquier situación
usando ejercicios de visualización correctamente diseñados.
Es una manera garantizada de transformar nuestra personalidad.